KM 1 "Tortilla francesa"

 
“Tortilla francesa”

No hay cena que me guste más que una tortilla francesa. Nada mejor que ese pequeño
manjar para representar la sencillez de la felicidad. 2 huevos, poquito de aceite y
poquito de sal, ah, se me olvidaba, el cariño, la paciencia y una cucharadita de azúcar
que tan especial la convertía mi abuela.

Así de sencillo si, hubo un tiempo donde la vida resultaba sencilla. Cenar tortilla
francesa no es sólo para mí un llenar el estómago, un llenarme de nutrientes, es
encontrarme con aquella vida que va quedando lejana, donde no se rompían familias
por las cucharadas de azúcar, donde nadie sacaba fotos a los platos, donde no se podía
elegir, donde no abundaba la variedad pero si la parsimonia, la calma, donde no se
comparaba, donde no se juzgaba y donde siempre había para uno más.

¿Un huevo o dos? ¿Quieres pan? ¿Cola cao en la leche? Y ya está, no había más dilema, no
había más que añadir, esa era la variedad de carta con la crecí y con la que aun siento
ser feliz.

A todos nos gusta un plato diferente, nuevos sabores, nuevas texturas, nuevos
decorados, pero no perdamos la sensatez que este mundo de fotos y estrellas Michelín
viene muchas veces con demasiada guarnición, demasiado decorado y escasez en el
cariño, y ya con mis años, te confirmo, no compensa a la hora del cambio.

Hoy ceno tortilla francesa escuchando la radio, como antaño, como cuando la vida era
fácil, y aunque de esta vida poco pueda cambiar, al menos si lo que está en mi mano, y
la tortilla francesa representa ese gran cambio, seguiremos simplificando.

Cómo te echo de menos abuela, como te echo de menos estimada sencillez, dónde te
quedaste que tanto se te añora.

Ya termino abuela, que ando aquí contando una cosa a la gente y se me olvidaba que
esto es conferencia.

Si, dos huevos que ya soy grande, quiero decir mayor, grande fuiste tú.






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